Los trabajadores portuarios han vivido en estado de una mortificante zozobra desde el año 1917, cuando comenzó el tortuoso proceso de licitación de la terminal de cruceros Taíno Bay entre la empresa Puerto Plata Port Investment/Nahaual y Autoridad Portuaria Dominicana.

El Estado dominicano nunca debió conceder en el contrato a la empresa mejicana la terminal de cargas para convertirla, mediante una extensión de su estructura, en una terminal para recibir cruceros, como sucederá a partir del 15 de diciembre del cursante año 2021, fecha en la que recibirán las dos primeras embarcaciones turísticas que atracarán al puerto local.

Esa terminal debió construirse en el lugar donde se encuentra el llamado muelle viejo, construido por The Lechard Construction 1918, el Co. de New York, cual debió ser rehabilitado para dicho propósito o demolido para dar paso a la nueva terminal crucerística o construir la nueva terminal turística en Punta Fortaleza.

Sin embargo, se descartaron ambas opciones y hoy, casi cinco años después de haberse iniciado, continua la incertidumbre adueñada de los trabajadores portuarios, debido a que no hay señales de que existe una intención seria y confiable de que el muelle de cargas realmente será construido por “inversores dominicanos”.

Hasta el momento sólo ha habido ofrecimiento de los gobiernos de Danilo Medina y Luís Abinader de que dicho espigón para embarcaciones cargueras será levantado por la compañía local en el lado oeste de la terminal de cruceros, pero esa promesa incumplida de manera reiterada está por verse si será ejecutada.

Mientras tanto, empresarios de Santiago y de otros puntos del país, con el apoyo del Gobierno, dentro de la cuestionable Alianza Pública-Privada (APP), continúan impulsando de manera decidida la conversión del puerto de Manzanillo en una gran terminal multipropósitos, no como el sueño de humo que se le vendió a Puerto Plata, para engatusar a los puertoplateños.

A pesar de que ya apenas estamos a solo algo más de tres meses para que toquen la terminal Taíno Bay los dos primeros modernos trasatlánticos, convirtiéndose en realidad palmaria ese proyecto, que en su primer año de operación se proyecta que los cruceros que atraquen allí, traigan cerca de 600 mil cruceristas, no se vislumbra en lontananza el comienzo del muelle de cargas ni el fin del doloroso suplicio de miles de trabajadores portuarios.

Hoy el llamado “muelle viejo” con 103 años a cuesta está a punto de desplomarse, por lo destartalado que se encuentra, podría colapsar en cualquier momento y desaparecer el elemento que junto a sus empresas roneras, sus almacenes de procesar cafè, cacao, tabaco y otros rubros agrícolas, sus ingenios Montellano y Amistad fueron los motores de su economía, que ahora depende del turismo que atraviesa también por un mal momento.

Por: Manuel Gilbert

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